viernes, 28 de enero de 2022
miércoles, 26 de enero de 2022
sábado, 9 de octubre de 2021
MUMÚ
MUMÚ
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
I
Mumú es un cuento de Iván Turguenev escrito en 1852 y
publicado en 1854. En este relato hay una denuncia sobre la problemática social
de Rusia, se muestra el amor y el odio de los humanos hacia los animales, y
también se resaltan algunos aspectos relacionados con la Medicina de la época.
“En una de las distantes calles de Moscú, en una casa
gris con columnas blancas, vivía una dama viuda, rodeada de numerosos
sirvientes. Entre sus sirvientes, destacó especialmente el conserje Guerásim,
un hombre sordomudo de nacimiento. Estaba dotado de una fuerza heroica y
extraordinaria.”
II
La dama anciana de Moscú , muy cruel, separa al sirviente
sordomudo de la mujer que ama y luego lo obliga deshacerse de su único amigo:
una perrita. El héroe obedece dócilmente la orden y, habiendo perdido el
sentido de la vida, regresa a su pueblo natal.
Guerásim, el sordomudo, salva a un cachorro de la muerte y lo trae a
casa. La perrita Mumú llena de alegría el corazón del buen hombre. La ama de la
casa nota la presencia de la perrita, quiere jugar con ella, pero el animal la
rechaza. Luego la dama alegará que los ladridos de la perrita no la dejan
dormir y ordena al sordomudo eliminarla.
III
El protagonista de la historia "Mumú", el
siervo sordomudo Guerásim, encarna en la obra las ideas de Turguenev sobre el
valiente pueblo ruso, amante de la libertad. Por voluntad de la amante, Guerásim
primero perdió su tierra natal, luego su amada Tatyana e incluso su Mumú , todo
esto llevó a la rebelión interna del héroe. Al final del trabajo, el hombre
rompe los lazos de la servidumbre. Regresa a casa y se convierte en un hombre
por su propia voluntad.
IV
Turguenev escribió la historia "Mumú" en 1852.
El trabajo se publicó por primera vez en 1854 en la revista Sovremennik. La
historia se creó en el marco del espíritu literario del realismo crítico. "Mumú"
es la primera obra en la que Turguenev muestra los vicios de la servidumbre,
denuncia y condena este orden social.
V
Trabajando en la historia "Mumú", Turguenev
revivió en la memoria los hechos que habían tenido lugar varios años antes en
la casa de su difunta madre.Ivan Sergueivich admitió más tarde
que todo lo que escribió no fue "compuesto", sino que se inspiró en
hechos reales, personas vivas con las que se reunió el escritor.
VI
PÁRRAFOS
1
Guerásim
salva a una perrita que se estaba ahogando:
Caía
la tarde. Caminaba lentamente, contemplando el agua. De pronto le pareció que
una criatura viva se debatía en el fango, junto a la ribera. Se agachó y vio un
cachorro blanco con manchas negras que, a pesar de todos sus esfuerzos, no
podía ganar la orilla; se agitaba, se escurría y su cuerpo menudo y mojado se
veía sacudido por temblores. Guerásim se quedó mirando al desdichado perrito,
lo cogió con una mano, se lo metió en el pecho y regresó a grandes zancadas a
la casa.
2
El
amor entre Guerásim y Mumú:
Pocas
madres cuidan con tanta diligencia de su pequeño como Guerásim de su protegida.
(El perro resultó ser una perrita.) Al principio pareció muy débil, delgaducha
y fea, pero poco a poco fue recuperándose y restableciéndose, y al cabo de unos
ocho meses, gracias a los cuidados incesantes de su salvador, se convirtió en
una bella perrita de raza española, de largas orejas, rabo peludo en forma de
tubo y grandes ojos expresivos. Le cogió mucho cariño a Guerásim, del que no se
separaba ni un paso: lo seguía a todas partes, moviendo la cola. Sabiendo, como
todos los mudos, que sus mugidos atraían la atención de los demás, Guerásim le
dio el nombre de Mumú.
3
Mumú
y su amo:
Mumú
lo despertaba todas las mañanas; tirándole del faldón del abrigo, le llevaba
por la brida el viejo caballo, con el que vivía en buena armonía, le acompañaba
al río con aire de importancia, vigilaba su pala y su escoba, y no permitía que
nadie entrara en su cuartucho. Guerásim había practicado una abertura en la
puerta para que la perrita pudiera pasar, y se diría que está solo en ese lugar
se sentía en su propio hogar; por eso, en cuanto traspasaba el umbral, saltaba alegremente
a la cama
4
La
última cena:
En
la taberna conocían a Guerásim y comprendían sus señales. Pidió sopa de col con
carne y se sentó, apoyando los codos en la mesa. Mumú estaba a un lado de la
silla y lo miraba tranquilamente con sus ojillos expresivos. Su pelaje
resplandecía: era evidente que la habían cepillado hacía poco. Una vez que le
sirvieron, Guerásim echó en la sopa unas migas de pan, partió la carne en
trozos pequeños y puso el plato en el suelo. Mumú se aprestó a comer con su
delicadeza habitual, rozando apenas el caldo con el hocico. Su amo pasó largo
rato contemplándola; de pronto, dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas:
una cayó en la abultada frente de la perra y la otra en la sopa. Guerásim
ocultó el rostro en las manos. Mumú se comió la mitad del plato y se apartó
relamiéndose. Guerásim se puso en pie, pagó y salió, acompañado de la mirada
algo sorprendida del camarero.
5
Guerásim
ahoga a Mumú:
Guerásim
siguió remando. Pronto quedaron atrás las casas de Moscú y en ambas orillas
surgieron prados, huertos, campos, bosques e isbas. Llegaban olores de aldea.
El mudo dejó los remos, inclinó la cabeza sobre Mumú, que estaba sentada ante
él en un banco seco –pues el fondo estaba cubierto de agua– y se quedó inmóvil
unos instantes, cruzando los poderosos brazos sobre el lomo de la perra,
mientras la corriente iba arrastrando poco a poco la barca de vuelta a la
ciudad. Por fin Guerásim se incorporó y con una expresión de rabia enfermiza se
apresuró a atar los ladrillos a la cuerda, hizo un lazo y se lo pasó a Mumú por
el cuello, levantó a la perra por encima de las aguas y la contempló por última
vez… Ella lo miraba con confianza, sin temor, meneando apenas el rabo. Guerásim
volvió la cabeza, entornó los ojos y abrió las manos… No oyó nada, ni el breve
gruñido que emitió Mumú, ni el clamor del agua; para él el día más fragoroso
era más silencioso y calmo que para nosotros la noche más serena. Cuando volvió
a abrir los ojos, las pequeñas olas se sucedían veloces en el río, como
persiguiéndose unas a otras, y batían los dos costados de la barca, lo mismo
que antes; solo en la lejanía, detrás de él, se desplazaban hacia la orilla
grandes círculos.
6
Guerásim
rechaza tener más mascotas para evitar el sufrimiento por su pérdida:
Guerásim,
pobre y sin tierras, aún vive en su isba solitaria; sigue siendo el mismo
hombre robusto y vigoroso, trabaja por cuatro como antes y conserva ese aire
grave y circunspecto. Pero sus vecinos han advertido que, desde su vuelta de
Moscú, ha dejado de tratar a las mujeres, ni siquiera las mira, y que no
quiere perros en su casa. “Por lo demás” comentan los campesinos, “es una
suerte que no tenga necesidad de mujer. ¿Y qué falta le hace un perro? ¡Ningún
ladrón se acercará a su puerta ni por todo el oro del mundo!” Hasta tal punto
se han extendido los rumores sobre la fuerza hercúlea del mudo.
7
Aspectos
médicos:
Crisis
nerviosa
En
ese momento la señora acababa de quedarse dormida tras una prolongada “crisis
nerviosa”; esas crisis siempre se producían después de una cena demasiado
copiosa. Los inesperados ladridos la despertaron: el corazón se puso a latir
con fuerza y luego pareció detenerse.
–¡Oh,
oh, me muero! –exclamó esta, retorciéndose las manos con desesperación–. ¡Otra
vez ese perro…! ¡Oh, que venga el doctor! Quieren matarme… ¡El perro, otra vez
el perro! ¡Oh!
Y
echó la cabeza hacia atrás, como dando a entender que se desmayaba.
El
doctor y las gotas de lauroceraso:
Fueron
corriendo a buscar al doctor, es decir, al médico de cabecera Jaritón, cuya
ciencia se reducía a llevar botas de suela flexible, buscar con delicadeza el
pulso, dormir catorce horas al día, suspirar el resto de la jornada y
administrar una y otra vez a la señora gotas de lauroceraso*. Jaritón acudió al
momento, sahumó la habitación con plumas requemadas y, cuando la señora abrió
los ojos, se aprestó a presentarle en una bandeja de plata una copa con las
preciadas gotas. La señora las tomó, pero al poco rato volvió a quejarse con
voz llorosa del perro, de Gavrila, de su suerte, de que era una pobre anciana
abandonada, de que nadie se compadecía de ella, de que todos deseaban su
muerte. Entretanto, la desdichada Mumú seguía ladrando, mientras Guerásim
trataba de apartarla en vano de la valla.
El
médico murmuró unas palabras a una de las damas de compañía, que se precipitó
en el vestíbulo y sacudió a Stepán; este, a su vez, corrió a despertar a
Gavrila, quien, dejándose llevar por un arrebato repentino, puso en pie a toda
la casa.
Es
probable que la señora hubiera tardado en tranquilizarse, pero el médico, con
las prisas, le había administrado cuarenta gotas en lugar de las doce
habituales: las propiedades del lauroceraso surtieron efecto y un cuarto de
hora más tarde la anciana se hundió en un sueño profundo y sereno; en cuanto a
Guerásim, estaba tumbado en su cama, todo pálido, y apretaba con fuerza el
hocico de Mumú.
Nota:
*Lauroceraso
laurocerasus, lauroceraso o laurel cerezo es
una especie de arbusto o árbol siempreverde del género Prunus originaria de la
laurisilva y los ecosistemas que evolucionaron de la misma, de hasta 8 m de
alto, perteneciente a la familia de las rosáceas. Es originaria de Asia Menor y
se cultiva en zonas templadas de Europa como planta ornamental, desarrollándose
generalmente como arbusto.
Tiene
efecto sedante sobre el sistema nervioso .Estimulante respiratorio. Las
semillas, por su contenido en ácido cianhídrico son altamente tóxicas y tienen
el sabor de las almendras amargas.
viernes, 8 de octubre de 2021
MUMÚ. PELÍCULA SOVIÉTICA. 1959. BASADA EN EL RELATO HOMÓNIMO DE TURGUENEV
EL MÚSICO ALBERTO. 1858. CUENTO DE TOLSTÓI.
EL MÚSICO ALBERTO (1858)
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
I
A una fiesta en San Petersburgo llega un grupo de cinco personas.
Delesov, uno de los muchachos de ese grupo, quiere marcharse, pero descubre a
un hombre de aspecto extraño. Era un músico que aparentemente
había perdido
la razón. Invitaron al músico a unirse a su mesa, pero el
músico empezó a bailar ridículamente. Muchos rieron.
II
El músico, llamado Alberto, tomó el violín y empezó a
tocar. Una música celestial salió del instrumento. Todos escucharon esas notas
que mostraban a un verdadero maestro del arte de Orfeo.
III
Delesov entabló amistad con Alberto y lo invitó a su
casa. Se hicieron amigos y hablaban de diferentes temas.
Después de algún tiempo,
Albert cayó en un estado inexplicable: caminaba con una expresión triste
inusual y no hablaba. Su rostro reflejaba preocupación . Alberto se marchó de
la casa de Delesov.
IV
El músico se
va, se siente muy mal, ve cosas extrañas, ve una conversación entre dos
compañeros, se reúne con su ex amante. Al tiempo fue encontrado tirado en la
entrada de la casa. Estaba vivo.
V
Alberto es un genio incomprendido. La sociedad aísla a
tales talentos y los condena a la soledad. Tolstói da entender que Alberto no
estaba loco, sólo era un ser introvertido,
un fuera de serie de la música que necesitaba del distanciamiento para
el cultivo de su espíritu y su arte.
VI
FRASES
1
La alegría fingida es peor aún que el tedio más
profundo.
2
Las notas iban saliendo libres y elegantes. Desde el
primer momento una luz clara, tranquila, inesperada, iluminó de súbito el mundo
interior de cuantos escuchaban. Ni una sola nota falsa o exagerada turbó el
silencio del auditorio. Los sonidos eran puros, armoniosos y graves. Los
oyentes seguían en silencio con febril ansiedad el desenvolvimiento del tema.
3
El arte es la manifestación más
grande de la potencia humana. Es el privilegio de los pocos elegidos, que los eleva a una altura en
que la cabeza gira, y es difícil mantenerse incólume. En el arte, como en todas
las luchas, hay héroes, que se dan enteros al servicio.... y se pierden
antes de alcanzar la meta.
jueves, 7 de octubre de 2021
LA MAÑANA DEL TERRATENIENTE. UN CUENTO DE TOLSTÓI.
LA MAÑANA DEL TERRATENIENTE (1856)
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
El joven terrateniente Nejliudov decide dejar la
universidad para dedicar su vida a ayudar a los trabajadores y la gente del
campo que habitan en sus propiedades: desde su inicio el relato es
autobiográfico. Ya en sus haciendas se hace un plan de trabajo y empieza a
conversar con sus peones para ayudarlos. Constata que es gente sin mayores
aspiraciones que se conforma con poco: una casucha sucia en estado deplorable,
y tal vez algunos materiales para repararla. Las ambiciones no pasan de allí, y
de Algunos alimentos imprescindibles para no morirse de hambre.
Otro
hombre prefiere vender un buen caballo en vez de usarlo para trabajar , y es
claro que en poco tiempo se comerá una parte de ese dinero y la otra parte irá
para la vodka. Otros más demuestra su pereza tumbado sobre el cómodo y cálido
estante del horno mientras su madre no descansa de hacer los oficios caseros.
Las
palabras del joven terrateniente no tienen mayor impacto sobre los campesinos.
Un solo hombre muy trabajador y rico decide escucharlo y cooperar con sus
planes, tal vez por aquello de que al que tiene se le dará más.
No
basta con la intención de ayudar, hace falta la voluntad del otro para cambiar
su estilo de vida y poder cambiar el estilo de vida para enrumbarse hacia la
superación.
Así
era la Rusia campesina de la época sumida en un conflicto entre los amos y su
servidumbre.
2
La
idea de Tolstói es que si alguien es una buena persona no podrá disfrutar
completamente del confort que le deparan sus bienes si hay otros que viven mal.
3
"Llamo a
esta novela porque creo que es suficiente para una persona en la vida escribir
al menos un libro, corto, pero útil ..." (Tolstoi, 1852)
4
"La
principal impresión moral de esta historia (por no hablar de la artística) es
que mientras haya servidumbre, no hay posibilidad de acercamiento y comprensión
de ambas partes, a pesar de la disposición más desinteresada y honesta para el
acercamiento, y esta impresión es buena y verdadera”.(Turguenev) .
5
“Tolstoi
con notable habilidad reproduce no sólo la situación externa de la vida de los
aldeanos, sino, lo que es más importante, su visión de las cosas :en una choza
campesina está tan en casa como en la tienda de campaña de un soldado
caucásico" (Chernyshesky).
miércoles, 29 de septiembre de 2021
LA TORMENTA DE NIEVE
LA
TORMENTA DE NIEVE (1856)
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
Con
este relato de Tolstói he evocado el invierno ruso. La nieve es parte de la
vida de los rusos y por lo tanto de su literatura. En esta narración los
viajeros se desplazan por los senderos nevados, los caballos se desorientan
ante la tormenta que hace desaparecer los caminos. La noche es borrascosa y el
viento frío golpea los rostros. El
héroe, sin embargo, se duerme y sueña con la muerte.
PÁRRAFOS:
1
Apenas
habíamos dejado atrás las oscuras siluetas de los molinos —uno de ellos movía torpemente
sus enormes aspas cuando me di cuenta de que el camino se volvía más difícil,
había más nieve acumulada, el viento me golpeaba con mayor fuerza por el lado
izquierdo, hacía ondear las colas y las crines de los caballos de ese lado y,
tozudo, hacía revolotear la nieve que levantaban los patines del trineo y las
pezuñas de los caballos.
2
La
tempestad era cada vez más fuerte y la nieve caía seca y menuda; tuve la
sensación de que comenzaba a helar: acusaba mucho más el frío en la nariz y en
las mejillas, con mayor frecuencia sentía correr por debajo de mi grueso abrigo
de piel una corriente de aire helado y tenía la necesidad de arroparme. De
cuando en cuando, el trineo chocaba ligeramente contra una dura capa de hielo
de la que el viento había barrido la nieve.
3
La
tormenta era tan fuerte que yo, a duras penas, completamente encorvado y
sujetando con ambas manos los faldones de mi capote, pude, sobre la nieve
blanda que el viento barría de debajo de mis pies, dar esos cuantos pasos que
me separaban de mi trineo. Mi antiguo cochero ya estaba de rodillas en el
centro del trineo vacío, pero, al verme, se quitó su enorme gorra permitiendo
al viento revolverle con furia los cabellos y me pidió una propina.
4
La
nieve era cada vez más blanca y más brillante, de modo que, al mirarla, dolían
los ojos. Unas vetas naranjas y rojizas se extendían en lo alto del cielo, cada
vez más arriba y cada vez más brillantes; incluso el disco rojo del sol
apareció en el horizonte a través de unas nubes grisáceo azuladas; el azul era cada
vez más resplandeciente y más profundo. En el camino, cerca ya de la stanitsa,
las huellas eran más claras, más precisas y amarillentas, y había uno que otro
bache; en el aire gélido, comprimido, se percibían un frescor y una ligereza
agradables.
(ERMG)
1
Los cambios climáticos se sienten en todas partes, y
en los últimos tiempos los inviernos moscovitas se suceden con poca nieve. Los
rusos manifiestan preocupación porque la nieve no sólo es parte meteorológica
del paisaje sino también componente esencial del alma rusa. Las más hermosas
páginas de la literatura rusa hablan de nevadas, tormentas y ventiscas gélidas
que arrastran copos de nieve.
2
La primera nevada nos sorprendió cuando nos
dirigíamos a clases en la preparatoria. Los latinos alborozados saltábamos de
alegría y extendíamos las manos para palpar y sentir la nieve. La profesora de
ruso nos explicó que cada partícula de nieve es en realidad una estrella, un
cristal hexagonal, lo que pudimos comprobar luego con gran asombro.
3
En mi memoria quedó grabado que la primera gran
nevada de Moscú caía el siete de noviembre para la celebración de la Gran
Revolución de Octubre. Pero es algo muy subjetivo.
4
Con el inicio del invierno debíamos buscar papel y
pega para cerrar las rendijas de las ventanas y así evitar que el viento frío
se colara en los cuartos. Lo único que
quedaba libre de papel y pegamento era la "fortochka" (ventanilla)
para ventilar de vez en cuando y usarla como nevera al colgar en una bolsa
hacia la calle los alimentos y las cervezas. Estas últimas podían congelarse si
las dejábamos mucho tiempo.
5
Más de una vez nos resbalamos y nos dimos fuertes
golpes. Para evitar esos accidentes en las mañanas aparecían brigadas
esparciendo arena por los caminos, al mismo tiempo que quitaban la nieve y la
colocaban hacia los lados, formando cúmulos a veces muy altos.
Recuerdo también a hombres montados sobre los techos
de los edificios para quitar los "sosulki" (carámbanos) o pedazos de
hielos colgantes, cuyo desprendimiento podía provocar daño sobre las testas de
los transeúntes desprevenidos.
6
En diciembre, sobre todo en plena celebración del
año nuevo, era costumbre salir a la calle y revolcarse en la nieve. Claro está:
con unas cuantas copas de vodka en el pecho.
7
En una ocasión salí a la calle, luego de bañarme,
con el cabello mojado. Al llegar al salón de clases la profesora me regañó al
notar que tenía hielo en la cabeza. Puede ser muy peligroso, me dijo.
8
En los primeros años como parte de la clase de
deportes nos enseñaron a esquiar. A duras penas aprendimos a mantenernos en pie
y a deslizarnos placenteramente, sobre todo en las bajadas, pero nunca nos
sentimos preparados como para participar en una competencia. El sentido del
ridículo siempre fue superior a cualquier anhelo del ego.
9
Una vez llegue tarde a una clase de
otorrinolaringología. Allí el jefe de la cátedra y los profesores eran muy
estrictos. Me cerraron la puerta en las narices y no me dejaron entrar.
Argumenté que por la nevada me retrasé; me respondieron que ya era hora de
acostumbrarse a la nieve, y pasaron la llave para no alargar la conversación.
Aprendí la lección, no la de la materia de ese día, sino la de la vida.
10
Al llegar al hospital nuestros profesores nos
enseñaron que la pleuresía produce un sonido, detectable con el fonendoscopio,
semejante al que provoca el roce de los zapatos con la nieve. Ese crujido lo
recuerdo perfectamente y fue de gran ayuda al inicio de mi práctica médica en
sitios donde la radiografía no había llegado todavía.
11
En una ocasión nos correspondió ver una materia en
un hospital lejano, y casi siempre el autobús era conducido por un chofer
anciano que no soltaba el micrófono para hacer comentarios de todo tipo. Una
vez estaba cayendo una fuerte nevada; el viejito golpeó el aparato con sus
dedos y dijo: ¡¡Oh!! Qué buen tiempo hace, como para estar en la casa, ¡tomar
té con limón y ver la nieve por la ventana!
12
Nos despertaba el himno nacional soviético a las
seis de la mañana. Acostumbraba, al levantarme, dirigirme a la ventana para
contemplar los arabescos que la helada nocturna teje sobre los vidrios. Esos
dibujos misteriosos me proporcionaban sosiego porque pensaba que la nevada de
la noche plasma sus trazos en medio de la soledad y el silencio para mostrar la
perfecta armonía de la naturaleza.
13
Afuera los gorriones picoteaban la nieve fresca como
mirándose sobre su faz límpida. Allá,
las cornejas, esos pajarracos negros y sombríos, se disputaban un
desperdicio. Los pasos de los
transeúntes apurados se alternaban con el crujir de las palas de las mujeres
que limpiaban las veredas. Más allá, el
bosque de abedules inmóviles, bajo una ráfaga menuda de nieve, configuraba un
paisaje desolador.